martes, 12 de mayo de 2020


CUIDADOS Y PERFIL DE SALUD DEL CUIDADOR FAMILIAR Y DEL ADULTO MAYOR: UNA MIRADA DESDE LA PERSPECTIVA DEL INVESTIGADOR

Velasco Asdrúbal (Dr.)
Profesor Titular a Dedicación Exclusiva. Dr. Ciencias Humanas, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela. Correo: asdrubalvelasco49@gmail.com

El criterio de validez y ventajas del estudio según el investigador
           
Lo siguiente describe parte de los resultados de la investigación relacionada con la interpretación de la percepción del cuidador familiar sobre el cuidado que brinda al adulto mayor residenciado en comunidades adscritas al Ambulatorio Urbano III “Belén” de Mérida, Venezuela.
En este sentido se delimita al perfil de salud del adulto mayor y del cuidador familiar, por lo que según el investigador, un aspecto considerado en cualquier investigación es la calidad de la información recopilada. Desde la perspectiva cualitativa se persigue el saber de los procesos de identidad de los sujetos teniendo en cuenta el valor del discurso emitido (Colina y Medina, 1997). La evaluación fue básicamente inductiva-deductiva, ya que los aspectos más importantes e interesantes, siguieron el juicio subjetivo como investigador con base a la representación social como base en el diseño, por lo que se asumió que las acciones sociales se producen en los cuidadores familiares, según su forma de percibir, entender, interpretar, juzgar y organizar su mundo. Cada una de las respuestas fue cotejada haciendo uso del sistema de triangulación de información, así como la confirmabilidad a través de las técnicas de recolección, análisis e interpretación de la información proporcionada por los cuidadores familiares.
Por otro lado el significado contextual estuvo relacionado con la experiencia en el área de la enfermería comunitaria, en cuanto a la temática tratada. Es decir, el nivel de comprensión, los medios de información y el ambiente se justifican con la participación activa del investigador en el momento de recolectar la información. Asimismo, el grado de homogeneidad fue alto; las respuestas recabadas coincidieron en muchos aspectos, por lo que la saturación se alcanzó una vez comenzada la repetición de la información por parte de los entrevistados.
La investigación posee consistencia interna en cuanto a procedimientos y validación de la información recabada, la cual se puede extrapolar a diferentes ambientes y situaciones relacionadas con la salud. Posee también fiabilidad ya que refleja la coherencia de las observaciones de los grupos focales con las respuestas u observaciones proporcionadas, ya que las notas fueron tomadas durante la actividad en grabadoras.
En cuanto a las ventajas que muestra el estudio, se encuentran las relacionadas con el investigador, el cual mantuvo una postura neutral, así como el manejo de los criterios éticos y profesionales que facilitaron la recabación de la información; el nivel de validez y fiabilidad de la investigación que se hizo con el respaldo de los datos recolectados; el ambiente de trabajo, el cual fue un lugar cómodo y aceptado por los cuidadores familiares, y el análisis de la información que se hizo fue siguiendo la agrupación de las categorías, cada una con sus respectivas sub-categorías emergentes con sus código vivo.

Resultados acerca del perfil de salud del cuidador familiar

La distribución por edad y género del cuidador familiar del adulto mayor, cerca de un tercio de los cuidadores tienen 35 a 39 años de edad; un cuarto  están en el grupo de 40 a 44 años y un quinto de ellos en el grupo de 45 y más años. En cuanto al género la mayoría de los cuidadores familiares es de género femenino, para una razón de mujeres cuidadoras con respecto a los hombres de 3/1, así como un tercio de los cuidadores hombres tienen 35 o más años de edad, y entre las cuidadoras mujeres se encontró la edad del cuidador entre los 35 a 44 y más años con cerca de un quinto de la población entrevistada.
Como aspecto más llamativo el perfil de quienes cuidan a las personas mayores, según Rodríguez (1995), es el género femenino. Más de la mitad son mujeres, lo que implica desigualdad en el reparto de las obligaciones en la casa, lo que con el paso del tiempo, la tendencia es al alza. 
En cuanto al estado civil la mitad de los cuidadores familiares está casado (a), más de la mitad son hijos mientras que el resto son hermanos, hijos, yernos u otros (familiares)
La iniciativa para iniciar la prestación de la ayuda procede en la mayor parte de los casos del propio cuidador/a, y en un segundo término, se trata de una decisión familiar. En este aspecto las respuestas presentan grandes diferencias según el grado de parentesco que les una a la persona mayor, pues para los cuidadores que son familia política de los mayores la presión del entorno familiar parece resultar mayor. Acá pudiera pensarse, que el sentido de obligación moral provoca emociones positivas en la relación de ayuda y, al mismo tiempo, sentimientos encontrados ante la dificultad de conciliarlos con la vida personal y el trabajo.
Con relación al nivel de instrucción y el tiempo de cuidado del adulto mayor, cerca de un tercio de los cuidadores familiares tienen son profesionales y tiene más 4 a 6 años cuidando al adulto, ocupando más  de 12 horas diarias de cuidado. Asimismo, más de mitad de la población tiene una situación laboral activa mientras que el cerca de la mitad económicamente no son activos, por lo que pudiera repercutir de alguna manera en el ingreso familiar, en vista de que 13 de los entrevistados son profesionales, pero que el ejercicio de éste, puede implicar mayor desgaste en el cuidado del adulto mayor. Esto demuestra que el grado de dependencia del anciano del familiar es alto, por lo que el riesgo de cansancio del cuidador también será mayor en la medida de que las actividades instrumentales de la vida diaria cada vez sea más satisfechas por el familiar.
De acuerdo a la sobrecarga del cuidador familiar a través de la Escala de Zarit, la mitad de los cuidadores familiares presentaron sobrecarga del cuidado. En este sentido, 12 de los 23 cuidadores, entre otros aspectos, consideran que han perdido el control sobre su vida desde que están al cuidado del adulto mayor, así como desearían poder encargar el cuidado de su familia o paciente en todo caso, a otra persona. Así mismo, la mayoría de los entrevistados manifestaron que se sienten avergonzados por el comportamiento de su familiar, lo que pudiera incidir en el cansancio del cuidador, y dificultad en el desempeño del rol.
Más de la mitad de los cuidadores familiares tienen 35 o más años de edad y son en su mayoría de género femenino, es decir, una razón de mujeres cuidadoras con respecto a los hombres de 3/1. De manera que por cada 3 mujeres que se encargan del cuidado de los adultos mayores un hombre ejerce este rol, y la mayoría de ellos tienen 35 o más años; un poco más de la mitad de los cuidadores familiares están casados, así como más de la mitad son esposos o esposas de los adultos mayores; el total de la población entrevistada son alfabetos funcionales, y  más de la mitad tienen menos de 3 años hasta 6 años cuidando al adulto.
Estos resultados concuerdan con el perfil de la mayoría de los casos de una investigación realizada por Velasco, Ortiz, González y Rojas (2010), en el sector Don Tobías de Trujillo, la cual el 73% eran mujeres. Así como el realizado por Barrera y Duarte (2007), donde el 90% de los cuidadores no Profesionales pertenece al género femenino, lo cual confirma la teoría sobre el hecho de que el papel de cuidador familiar generalmente es asumido por las mujeres, sean estas esposas, hijas o hermanas, debido a que la mujer es considerada como cuidadora “natural”. Asimismo, los cuidadores familiares son entre otras personas, familiares directo del anciano. La esposa o el esposo por lo general son cuidados por sus hijos, sobrinos o hermanos. Resultados que se asemejan a los encontrados por Velasco y col. (ob. cit.), cuando señalan que el 54% o más de los cuidadores son hermanas (os) o hijas (os).
Tradicionalmente, han sido las familias las que han asumido el cuidado de las personas dependientes, a través de lo que ha dado en llamarse “apoyo informal”. Para ser más exactos, habría que puntualizar que esa función ha recaído y recae, casi en exclusiva, en las mujeres del núcleo familiar, (esto es, en las madres, cónyuges, hijas o hermanas de las personas dependientes), y, dentro de éstas, en las mujeres de mediana edad, sobre todo en el grupo formado por las que tienen entre 45 y 69 años. (IMSERSO, 2004)
Por otro lado, un tercio de la población estudiada le ocupa más de 12 horas diarias dedicadas al cuidado del adulto mayor; más de la mitad tiene una situación laboral activa mientras que cerca de la mitad no son activos, por lo que pudiera repercutir de alguna manera en el ingreso familiar, en vista de que 7 de los 23  entrevistados son profesionales, pero que el ejercicio de éste, puede implicar mayor desgaste en el cuidado del adulto mayor. Esto demuestra que el grado de dependencia del anciano del familiar es alto, por lo que el riesgo de cansancio del cuidador también será mayor en la medida de que las actividades instrumentales de la vida diaria cada vez sea más satisfechas por el familiar, por lo que desarrollar la labor de cuidador requiere un alto grado de paciencia, para evitar el conjunto de problemas de orden físico, psíquico, emocional, social o económico que pueden experimentar.
Con la aplicación del Test de Zarit, más de la mitad de los cuidadores familiares presentaron sobrecarga intensa, solo 3 de los 23 cuidadores no presentó sobrecarga del cuidado. En este sentido, 12 de los 23 cuidadores, entre otros aspectos, consideran que han perdido el control sobre su vida desde que están al cuidado del adulto mayor, así como desearían poder encargar el cuidado de su familia o paciente en todo caso, a otra persona. Así mismo, la mayoría de los entrevistados manifestaron que se sienten avergonzados por el comportamiento de su familiar, lo que pudiera incidir en el cansancio en el rol de cuidador. Situación que se desarrolla a través del tiempo y se presenta en las personas que asumen el cuidado en particular de una persona que presenta algún tipo de limitación o dependencia, y se va desarrollando paulatinamente al ir asumiendo actividades que implican de manera continua carga física y  psíquica. (González, 2002)
Cuando se considera el desgaste del cuidador como una variable de estudio, es importante tomar en cuenta las patologías asociadas de los ancianos. Las enfermedades crónico - degenerativas hace tender a la dependencia de otras personas para sus cuidados. En este sentido, las actividades instrumentales de la vida diaria estarían muy limitadas sobre todo, las que requiere de mayor esfuerzo físico, por lo que la ayuda del cuidador familiar en este momento, cobra mayor importancia.
En cuanto al perfil de salud y capacidad funcional para las actividades instrumentales de la vida diaria del adulto mayor, un poco más de un tercio de los adultos mayores están en el grupo de edad de 65 a 69 y 70 a 74 años, de los cuales casi la mitad son de género femenino, para una razón de ancianas con respecto a los ancianos de 3/1. Más de la mitad de los adultos entrevistados tienen pareja y el resto son solteros, viudos o divorciados, lo que demuestra el alto índice de dependencia que tienen los ancianos  de sus hijos o de otro familiar. Según el nivel de instrucción y número de hijos, un poco más de los adultos mayores tienen la primaria incompleta, mientras que el resto, han completado la primaria, la secundaria o son profesionales.
Con relación al número de hijos, un poco más de la mitad tiene 3 o menos hijos y cerca de tres cuartos de los adultos mayores están jubilados, lo que significa que en todos los hogares hay alguna entrada económica. De igual manera, casi la totalidad de los adultos mayores tienen alguna patología asociada, de los cuales un poco más de un tercio son diabéticos más hipertensos. Todas estas enfermedades son crónico - degenerativas lo que hace tender a la dependencia de otras personas para sus cuidados. En este sentido, las actividades instrumentales de la vida diaria estarían muy limitadas sobre todo, las que requiere de mayor esfuerzo físico, por lo que la ayuda del cuidador familiar en este momento, cobra mayor importancia. Esto se enfatiza con cerca de la mitad de los adultos mayores que son dependientes, un tercio de ellos dependientes intermedios y el resto independientes.
En este sentido, las actividades instrumentales que determinan la capacidad funcional de los adultos mayores se detalla de la siguiente manera: los adultos mayores son capaces de utilizar el teléfono por iniciativa propia, buscar y marcar los números, marcar bien algunos números conocidos y contestar el teléfono, pero no de marcar, pero, 2 de ellos si son capaces de utilizar el teléfono en absoluto.
En lo que respecta al ir de compras, más de la mitad de los entrevistados necesitar ir acompañados , así como  la mayoría de los adultos mayores necesita que le preparen y le sirvan las comidas, solo cuatro (4) de ellos prepara adecuadamente las comidas, si se le proporcionan los ingredientes necesarios.
En cuanto al cuidado de la casa un tercio y la mayoría es incapaz de realizar la tarea ya que el lavado de ropa debe ser realizado por otra persona, mientras que el 13% de ellos lava por sí mismo o misma pequeñas prendas como medias por ejemplo. Solo tres (3) de ellos lava por sí mismo (a) toda su ropa. 
Con relación al uso del transporte, llama la atención que la mayoría de los entrevistados son capaces de coger un taxi, pero no usa otro medio de transporte; otros viajan en transporte público cuando van acompañados por otra persona, mientras que otros utilizan el taxi o el automóvil sólo con ayuda de otras personas. 
Respecto a su medicación, cerca de tres cuartos de los adultos mayores toma su medicación si se le prepara con anticipación y en dosis separadas; un poco más de la mitad es incapaz de manejar dinero; un cuarto de ellos realiza las compras de cada día, pero necesita ayuda en las grandes compras o ir al banco, y un poco menos de un cuarto maneja los asuntos financieros con independencia (presupuesta, rellena cheques, paga, recibos y facturas, va al banco), recoge y conoce sus ingresos. En este sentido, la programación de actividades debe contemplar el tiempo para los cuidados personales. Igualmente, un poco más de un tercio de los cuidadores familiares presentaron signos y síntomas de sobrecarga leve, así como de sobrecarga intensa, lo que da a entender que si no se toman las medidas correctas para su cuidado los padecimientos producto del desempeño van a ser cada vez mayores. Estos resultados muestran la tendencia al cansancio del cuidador familiar del adulto mayor.
Entre los aspectos que resaltan más y que muestran la tendencia hacia la sobrecarga del familiar se encuentran: la solicitud de más ayuda de la que realmente necesita, estrés al tener que cuidar a su familiar/paciente y tener además que atender otras responsabilidades, vergüenza por el comportamiento de su familiar/paciente, por creer que la situación actual afecta a su relación con amigos u otros miembros de su familia de una forma negativa, por sentir que su familiar/paciente depende de él o ella, por sentirse agotada(o) cuando tiene que estar junto a su familiar/paciente, porque cree que su salud se ha visto afectada por tener que cuidar a su familiar/paciente, por sentir que no tiene la vida privada que desearía a causa de su familiar/paciente, por creer que su familiar/paciente espera que le cuide, como si fuera la única persona con la que pudiera contar, y por creer que no dispone de dinero suficiente para cuidar de su familiar/paciente, además de sus otros gastos.
En lo que respecta a las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD) del adulto mayor, casi la mitad de los adultos son dependientes, lo que significa un mayor trabajo para los cuidadores, por lo que las oportunidades de satisfacción personal se ven limitadas, así como las del disfrute de la intimidad de las parejas. En este sentido, la programación de actividades debe contemplar el tiempo para los cuidados personales. Igualmente, un poco más de un tercio de los cuidadores familiares presentaron signos y síntomas de sobrecarga leve, así como de sobrecarga intensa, lo que da a entender que si no se toman las medidas correctas para su cuidado los padecimientos producto del desempeño van a ser cada vez mayores. Estos resultados muestran la tendencia al cansancio del cuidador familiar del adulto mayor.
Entre los aspectos que resaltan más y que muestran la tendencia hacia la sobrecarga del familiar se encuentran: la solicitud de más ayuda de la que realmente necesita, estrés al tener que cuidar a su familiar/paciente y tener además que atender otras responsabilidades, vergüenza por el comportamiento de su familiar/paciente, por creer que la situación actual afecta a su relación con amigos u otros miembros de su familia de una forma negativa, por sentir que su familiar/paciente depende de él o ella, por sentirse agotada(o) cuando tiene que estar junto a su familiar/paciente, porque cree que su salud se ha visto afectada por tener que cuidar a su familiar/paciente, por sentir que no tiene la vida privada que desearía a causa de su familiar/paciente, por creer que su familiar/paciente espera que le cuide, como si fuera la única persona con la que pudiera contar, y por creer que no dispone de dinero suficiente para cuidar de su familiar/paciente, además de sus otros gastos.
En cuanto a los cuidados que el cuidador familiar le provee al adulto mayor en el hogar, el cuidador ayuda “Casi Siempre” en las actividades de la casa (cocinar, lavar, planchar), así como para la higiene personal; entre “Casi Siempre” y “Frecuente” los cuidadores ayudan para el transporte fuera del domicilio, así como “Casi Siempre” para el desplazamiento en el interior del domicilio. Igualmente, la mayoría de los cuidadores “A veces” ayuda para la administración del dinero y bienes, así como es “Frecuente” la ayuda para las tomas del medicamento, en la facilitación en el uso del teléfono, en la solución a situaciones conflictivas, y en ayudarlo a comunicarse con los demás cuando existe dificultad para hacerlo.
Necesidades básicas como la alimentación, se ven generalmente afectadas por la capacidad funcional. Los adultos mayores por diferentes factores no tienen un adecuado acceso y consumo de alimentos, aspecto que puede considerarse como un factor deteriorante de su estado de salud, lo que contribuye a los procesos de fragilización en esta etapa. Dichos cambios que el adulto mayor experimenta, pueden ser modificados por los patrones de alimentación y el estado nutricional, convirtiéndose en un factor de riesgo importante de morbilidad y mortalidad, contribuyendo a una mayor predisposición a infecciones y a enfermedades crónicas asociadas con el envejecimiento lo que disminuye la calidad de vida (Rubio, 2002).
La mayoría de los cuidadores familiares “Casi Siempre” provee cuidados al adulto mayor en el hogar. Todos de alguna manera colaboran con la higiene personal y con el transporte, así como para el desplazamiento en el interior del domicilio, con la administración del dinero y bienes, para la tomas del medicamento, en la facilitación en el uso del teléfono, en la solución a situaciones conflictivas, y en ayudarlo a comunicarse con los demás cuando existe dificultad para hacerlo.
En cuanto al nivel educativo y actividad laboral, más de la mitad de los cuidadores cuentan con la secundaria completa y son profesionales, así como más de la mitad tiene una situación laboral activa por lo que repercute de manera positiva tanto en el ingreso familiar como en el cuidado del adulto mayor; situación comparable con un trabajo realizado por Giraldo, Franco, Correa, Salazar y Tamayo (2006), cuando señalan que el ingreso familiar promedio del 89,7% de los cuidadores es menor de dos salarios mínimos legales mensuales y que el 79,5% comparten el papel de cuidadora con otro. Igualmente refieren que el 64,1% están sin actividad económica remunerada.
Con respecto perfil de salud del cuidador familiar, el perfil de salud y capacidad funcional para las actividades instrumentales de la vida diaria del adulto mayor y los cuidados físicos, biológicos, afectivos – espirituales y sociales que les provee el cuidador familia, se concluye lo siguiente:

1.     Como aspecto más llamativo el perfil de quienes cuidan a las personas mayores es el género femenino. Más de la mitad son mujeres, lo que implica desigualdad en el reparto de las obligaciones en la casa, lo que con el paso del tiempo, la tendencia es al alza. 
2.     La iniciativa para iniciar la prestación de la ayuda procede, en la mayor parte de los casos del propio cuidador/a y, en un segundo término, se trata de una decisión familiar. En este aspecto las respuestas presentan grandes diferencias según el grado de parentesco que les una a la persona mayor, pues para los cuidadores que son familia política de los mayores la presión del entorno familiar parece resultar mayor. Acá pudiera pensarse, que el sentido de obligación moral provoca emociones positivas en la relación de ayuda y, al mismo tiempo, sentimientos encontrados ante la dificultad de conciliarlos con la vida personal y el trabajo.
3.     Más de la mitad de los cuidadores familiares tienen 35 o más años, y por cada 3 mujeres que se encargan del cuidado de los adultos mayores un hombre ejerce este rol. Un poco más de la mitad de los cuidadores familiares están casados, así como más de la mitad son esposos o esposas de los adultos mayores; el total de la población entrevistada son alfabetos funcionales, y  más de la mitad tienen menos de 3 años hasta 6 años cuidando al adulto.
4.     Asimismo, los cuidadores familiares son entre otras personas, familiares directo del adulto mayor, y tradicionalmente, han sido las familias las que han asumido el cuidado de las personas dependientes, a través de lo que ha dado en llamarse “apoyo informal”.
5.     Por otro lado, un tercio de la población estudiada le ocupa más de 12 horas diarias dedicadas al cuidado del adulto mayor; más de la mitad tiene una situación laboral activa mientras que cerca de la mitad no son activos, por lo que pudiera repercutir de alguna manera en el ingreso familiar, en vista de que 7 de los 23  entrevistados son profesionales, pero que el ejercicio de éste, puede implicar mayor desgaste en el cuidado del adulto mayor.
6.     Con la aplicación del Test de Zarit, más de la mitad de los cuidadores familiares presentaron sobrecarga intensa.
7.     Cuando se considera el desgaste del cuidador como una variable de estudio, es importante tomar en cuenta las patologías asociadas de los ancianos. Las enfermedades crónico - degenerativas hace tender a la dependencia de otras personas para sus cuidados. En este sentido, las actividades instrumentales de la vida diaria estarían muy limitadas sobre todo, las que requiere de mayor esfuerzo físico, por lo que la ayuda del cuidador familiar en este momento, cobra mayor importancia.
8.     En lo que respecta a las actividades instrumentales de la vida diaria cerca de la mitad son dependientes, lo que significa un mayor trabajo para los cuidadores, por lo que las oportunidades de satisfacción personal se ven limitadas, así como las del disfrute de la intimidad de las parejas.
9.     Igualmente, un poco más de un tercio de los cuidadores familiares presentaron signos y síntomas de sobrecarga leve, así como de sobrecarga intensa, lo que da a entender que si no se toman las medidas correctas para su cuidado los padecimientos producto del desempeño van a ser cada vez mayores. Estos resultados muestran la tendencia al cansancio del cuidador familiar del adulto mayor.
10.  Entre los aspectos que resaltan más y que muestran la tendencia hacia la sobrecarga del familiar se encuentran: la solicitud de más ayuda de la que realmente necesita, estrés al tener que cuidar a su familiar/paciente y tener además que atender otras responsabilidades.
11.  En cuanto a los cuidados que el cuidador familiar le provee al adulto mayor en el hogar, “Casi Siempre” en las actividades de la casa (cocinar, lavar, planchar); “Casi Siempre” y “Frecuente” los cuidadores ayudan para el transporte fuera del domicilio, así como “Casi Siempre” para el desplazamiento en el interior del domicilio.
12.  Necesidades básicas como la alimentación, se ven generalmente afectadas por la capacidad funcional. Los adultos mayores por diferentes factores no tienen un adecuado acceso y consumo de alimentos, aspecto que puede considerarse como un factor deteriorante de su estado de salud, lo que contribuye a los procesos de fragilización en esta etapa.

Referencias bibliográficas

Barrera L. y Duarte. (2007). Significado que el gerontocuidador no profesional da al cuidado del adulto mayor en el hogar. Biblioteca Lascasas, 2007; 3(1). Disponible en http://www.index-f.com/lascasas/documentos/lc0204.php. [Consultado el 31 de agosto de 2009].  
Colina J. y Medina J. (1997). Construir el conocimiento de enfermería mediante la práctica reflexiva. Revis ROL Enferm: (232): 23-30.
Giraldo C., Franco G., Correa L., Salazar M. y Tamayo A. (2006). Cuidadores familiares de ancianos: quiénes son y cómo asumen este rol. Rev. Fac. Nac. Salud Pública. 23(2):7-15. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-386X2005000200002&lng=en [Consultado el 10 de marzo de 2015]  
González U. (2002). El concepto de calidad de vida y la evolución de los paradigmas de las ciencias de la salud. Revista Cubana de Salud Pública 2002; 28 (2): 157-75
IMSERSO (2004). Los cambios en el modelo de familia y la incorporación de la mujer al trabajo reducen la disponibilidad de apoyo informal. Capítulo I p. 19. En: Atención a las personas en situación de dependencia en España. http://www.uab.cat/Document/580/416/LibroBlancoDependencia_01.pdf [Consultado el 09 de marzo de 2015] 
Rodríguez P. (1995). El Plan Gerontológico y el esfuerzo compartido en acciones para la vejez. Documentación Social, nº 86. Madrid.
Rubio M. (2002). Factores de riesgo de malnutrición. En: Manual de alimentación y nutrición en el anciano. España: MASSON; p.p. 23-29.
Velasco A., Ortíz L., González E. y Rojas D. (2009). Cuidados suministrados por el cuidador familiar al adulto mayor residenciado en el sector Don Tobías de Trujillo, estado Trujillo. Marzo a Junio 2009. Trabajo No Publicado. Escuela de Enfermería. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela.


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